...Un día el Señor del Buen Fin se paró justo bajo mis barandas. Estaba palidísimo. El rostro vuelto a su derecha en el sentido contrario a nosotros. Me estremecí. Antiguamente, en la calle Miguel Cid, nos miraba de frente, pero ahora tenía vuelto el rostro. ¿Por qué ya de recogida, no podía verle la cara al Señor, como cuando era niño...? Comprendí al instante la trayectoria de la calle y la postura del Paso...y respiré tranquilo. Un extrañísimo presagio me había conmovido por unos instantes.Aprovechando el descanso de los costaleros, me arrodillé en el balcón a su altura, y sacando el brazo por la baranda, traté timidamente de rozar con mis dedos el travesaño de la cruz..
¡Y entonces lo vi...!
Entre las verticales de hierr0 de la balaustrada, el costado de Cristo con sus costillas semihorizontales, semejaba una cuadrícula sobrehumana... Era como una retícula negra y cerúlea a un mismo tiempo...Como una fantástica celosía de un confesionario en tinieblas...
¡Y entonces también lo sentí...!
Por encima del olor a incienso y clavel, que subía desde la calle, volví a notar otro aroma...como ya lo había sentido hacia muchos años en la calle Miguel Cid donde vivía...Un perfume dulce, suave y soñador que entonces no acertaba a descifrar...
Un redoble violento martilleó mi corazón...
¡¡ Era CANELA...!!
¡¡ CANELA y violeta a un mismo tiempo...!!
Para besar tu madera
hice balcones mis manos;
labios de barandal, esfuerzo humano
por saber de tu sabor: sangre y canela,.
Y me diste tu FIN, -tierna quimera-
de ser Mayor en pos de los hermanos.
Eramos los dos: un mano a mano
porque tu FIN no acabara como cera.
Y te fuiste descolgando,
rajando la viruta de tus tarsos...
Y te fuiste perfumando
de maderas de aromas misioneras
la calle, La Plaza...¡todo el barrio!
Del Buen Fin: fugaz cionfesionario,
acto de contrición, penitente espera.
Creo en Dios, en la celosía de tu costado
hecho de madera de CANELA...
Dios hecho Fin del fin humano,
perfume de violeta mensajera.
JOSÉ MANUEL DEL CASTILLO
(del libro "SEVILLA-JERUSALEN")
